¿Qué le dices a tu hijo cuando estas triste?

Este fin de semana no ha sido bueno. El viernes me depositaron mi sueldo y después de unas horas me llaman del BBVA Continental para preguntarme si había hecho unos movimientos después de responderles que no me había movido de mi oficina y que tenía mi tarjeta en la mano me informaron que bloquerían mi tarjeta y que me acercara a una plataforma para resolver el problema. Ya eran las 6 así que tenía que esperar hasta el día siguiente, pero no me preocupé demasiado ya que pago un seguro, del mismo banco, que se llama ” Usa tus tarjetas con total seguridad”.
Cuando llegué a mi casa mi novio me hizo recordar que era exactamente lo que le había pasado a su hermano. Mauricio, mi cuñado,  el 2 de setiembre se dio cuenta que le habían vaciado su cuenta y procedió a bloquear su tarjeta de débito. Fue a plataforma hizo el reclamo,  le dijeron que esperara 10 días y le respondieron vía carta que no le podían devolver su dinero porque había bloqueado su tarjeta después del robo, ¿Quién la bloquearía antes del robo? ¡Madraque, el mago! (¿Pueden creerlo?)
Con esta historia en mente me acerqué a la plataforma  del BBVA al día siguiente para vivir, como en una película de ciencia ficción, el mismo capítulo. Con la única diferencia que tengo la “suerte” de contar con un seguro de “protección” que para que sea válido en 10 días útiles tengo que presentar una denuncia. Mi confusión es ¿contra quién presento la denuncia? Si no me han robado la tarjeta, y yo dejé mi plata en el BBVA  ¿Tendrá que ser contra el propio banco?
Con todos estos antecedentes se imaginaran mi cara y tensión. Tadeo me reclamaba que pasara el sábado en la mañana con él, como solemos hacerlo los sábados, le dije que no podía porque tenía que ir al banco. Cuando regresé no estaba de ánimos para jugar y conversando le expliqué  que me sentía triste y estaba preocupada porque unas personas malas habían tomado sin mi permiso mi dinero del banco. Me hizo preguntas de ¿cómo? y ¿por qué? Qué traté de responder pacientemente. Al final le pregunté si quería rezar a Dios pidiéndole que me ayudara a resolver el problema, cerró sus ojitos y rezó en silencio -por qué así le gusta hacerlo a él-  Después nos abrazamos y seguimos con nuestras vidas.
Algunos se preguntaran porque comparto con mi hijo un problema tan grave, les diré que lo hago porque me gusta explicarle como me siento para que no se inquiete sin poder explicarse que me pasa y rezamos porque fue la manera que se me ocurrió para que sintiera que me podía ayudar y que además valoro su ayuda.
¿Qué creen ustedes, es mucho para un niño pequeño? ¿Ustedes como le explican a sus hijos cuando se sienten mal? o ¿Creen que lo mejor es hacer como que no pasa nada y esforzarse por fingir alegría?
Yo creo que en la forma en que uno cría a sus hijos no hay bien, ni mal pero hay puntos de vista que podemos compartir.

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