Testimonio de papá

Como les anticipé por el día del padre tengo como invitado a un papá.  Les presentó el post de mi amigo Juanka que cuando lo conocí me hablaba de a que país del extranjero se iba ir estudiar o conversábamos de que íbamos hacer el finde o como estuvo la juerga. Hace poco nos encontramos en Cusco y la conversación fue y vino entre las travesuras de nuestros  hijos y el colegio que nos gustaría para ellos….

Disculpen la franqueza

Por Juan Carlos Quintana

De pronto mi vida tal y como la conocía desapareció por completo. Miento si les dijese que el día que me enteré que sería padre mi felicidad fue total. Al contrario fue uno de los día más aterradores de mi vida. La cabeza me dio vueltas, pero de campana, y durante los siguientes días no sabía muy bien qué hacer.
Es en ese momento que, de pronto, te pones a ver el mundo de otra manera y miles de cosas atraviesan tu mente. En mi caso qué hacer con ello, cómo enfrentar ese “menudo problema”, a esta idea se le sumó otras más clásicas: cómo se llamará, cómo será, tendré la plata suficiente, y la ropa, los pañales, se enfermará, irá al colegio, se enamorará, seré su héroe, seré un estorbo, entre otras.

Hasta que llegó el día de despejar las dudas. Así, fui con Blanquita a la clínica y en una sala muy bien acondicionada, con unas pantallas gigantes y un sistema de audio alucinante, más parecía una sala de cine con sistema Dolby Digital, escuché por primera vez los latidos de Estela (claro aún no sabía que se llamaría así) y muchas cosas cambiaron en mí para siempre.

Lo primero fue que ese “menudo problema” pasó a ser considerado algo de mí y la emoción se apoderó de mi estómago, no quise vomitar, pero sentí esas molestas cosquillas, mientras que el miedo aún presente menguaba para dar paso a una sensación extraña, una mezcla de alegría y ansiedad por conocer a esa pequeña persona que pronto inundaría mi vida con su presencia las 24 horas del día.

Cuando me enteré, casi al quinto mes de embarazo de Blanquita, que Estela sería Estela y no Octavio la emoción fue total, es más se apoderó de tal manera que el miedo desapareció por completo y lo que más anhelaba era su presencia. No lo pensé hasta entonces, pero tener una hija era algo que realmente ansiaba.

Hasta que un 28 de agosto del 2008, llegó por fin Estela Valentina. La primera vez que la tuve cerca todo cambió y para bien. De un momento a otro el chip con el que nací se trastocó por completo. Aprendí a hacer miles de cosas a las que antes me negaba: cambiar pañales, hacer la leche, pasearla hasta que durmiese, hacerla reír, todo fue un proceso de aprendizaje de ambas partes.

Han pasado ya casi cuatro años desde entonces y se podría decir que el saldo es positivo. No me ha ido mal en esto de ser padre y créanme: me gusta.

Hoy Estela y yo somos muy amigos, conversamos, nos reímos, vemos películas, cocinamos, vamos al parque, leemos, nos gastamos bromas, y sobre todo nos tomamos la vida de forma simple, intentó no ser el padre sabelotodo sino que dejo que ella me dé su propia explicación del mundo, que muchas veces es más interesante que la mía.

Tampoco deseo tener esa imagen del padre autoritario ni renegón ni intolerante que instala una dictadura en casa, sino todo lo contrario. Creo que hemos logrado ceder en muchas cosas y eso me ha traído creo que buenos resultados. Si no desea ir a la cuna guardería no va, si no desea tomar leche pues no la toma, si desea salir vestida como ella quiere, bacán. A veces es mejor que ellos tomen sus propias decisiones, la independencia es básica en estos casos, al menos eso creo.

Trato de aprovechar al máximo estos años porque sé que más adelante las cosas cambiaran, y ese futuro también se muestra aterrador, pero bueno si hasta el momento creo que estoy haciendo las cosas medianamente bien, imagino que podré afrontar el inexorable paso del tiempo de igual manera. Hace poco también me preguntaron si tendría otro hijo, mmm la verdad no deseo.

Se preguntarán ¿por qué?, pues tengo una teoría al respecto. Quizá no muy políticamente correcta, pero teoría al fin y al cabo. Para mí tener otro hijo significaría compartir el amor que tengo por Estela con el hermano (a), dividir mi tiempo de calidad con ella por uno compartido, y cuándo me pregunten: ¿papá a quién quieres más?, tendré que responder: a los dos los quiero por igual, para mí disculpen la franqueza eso me suena a floro barato. Simplemente no lo creo.

Considero que para los padres con más hijos siempre hay uno preferido, quieran o no aceptarlo. Siempre hay uno que saca más características de nosotros, con más fortalezas, con mayor preparación para enfrentar el mundo y quizá sean ellos a los que queramos más. No lo sé, como repito es una teoría que en todo caso aún no deseo demostrar si es válida o no.

Lo único que sé con certeza es que ser padre es lo mejor que me ha pasado, no es floro ah, realmente lo siento así, y que si me dijesen si tuviera la oportunidad de repetir la experiencia pues la respuesta es obvia, sí.

Eso incluye los continuos berridos, deposiciones y noches sin dormir que he tenido que afrontar, pero no importa ya que este domingo, sin duda, recibiré mi corbata de cartulina con escarcha en cuyo interior, con letra temblorosa leeré Feliz Día Papá, lo que hará que todo el esfuerzo desplegado y por desplegar valga la pena.

Y este es un regalo para un papá que:

Cada día se esfuerza por aprender, que le dedica tiempo a su hijo y que a pesar que ha descubierto que ser padre no es un trabajo fácil para él es el mejor. !Feliz día Fefo!

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